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El próximo 29 de diciembre se cumplirá el aniversario de la muerte de Sebastián Castellio. Es la ocasión de rendir homenaje al gran humanista, injustamente ignorado, que, mucho antes que Locke y Hume, proclamó, a riesgo de su vida, el irrenunciable derecho a la libertad de conciencia.
¿Quién recuerda, efectivamente, que nadie, sino él, fue el primero en escribir en defensa de ese derecho? Frente a Calvino y su sucesor, Théodore de Bèze, que pretendían demonizarla -”libertas conscientiae diabolicum dogma“-Su Contra Libellum Calvinum, redactado para condenar el asesinato de Miguel Servet por el tirano teocrático de Ginebra, es la primera y más valiente reinvidicación de la libertad de conciencia. Es lícito suponer que tan sólo lo temprano de su muerte evitó a Castellio el mismo suplicio que a Servet; pero aún tuvieron tiempo los esbirros de la intolerancia religiosa de acosarlo y humillarlo; él nunca se rindió. Por ello queremos hoy, a tres días del aniversario de esa muerte, dar al César lo que es del César y rendirle homenaje. Una de las mejores maneras de hacerlo es recomendar encarecidamente la lectura del libro que Stefan Zweig consagrara al enfrentamiento entre Castellio y Calvino, titulado, precisamente, "Calvino contra Castellio. Conciencia contra violencia", que la editorial Acantilado tuvo la excelente idea de reeditar recientemente en español. La traducción de Berta Vias Mahou hace honor a esta soberbia obra, en la que Zweig, amén de poner en escena la heróica pugna de Castellio con su maestría habitual, emprende una descripción certera de los mecanismos dictatoriales. No en vano acabó siendo una víctima más del nazismo, cuando, deprimido y avergonzado por una patria a cuya lengua había dedicado su vida, se quitó la vida en el exilio. La historia del dictador Calvino podría ser la del dictador Hitler, y la pugna de Castellio la de todos aquellos que tuvieron el valor de alzar su voz cuando nadie más osaba hacerlo. Es justo, pues, que hoy lo recordemos. |
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