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Internet: Periodistas, chantas y estafadores bajo un mismo techo ¿Por qué Saúl—me preguntaba mi corresponsal desde la otra orilla del gran lago— por qué esa fijación con rateros y charlatanes?
 Con la respuesta volvía a mi memoria la imagen del anciano casi ciego atendiendo su pequeño kiosco, y la solitaria silueta de su cliente escamoteándole cigarrillos mientras lo entretenía en conversación. Nunca olvidé la escena. En una variedad de formas ví el mismo acto repetido muchas veces durante los años siguientes, a medida que avanzaba hacia mi madurez, sintiendo la misma repulsión de la primera vez. Ahora, con la Internet marcando un mojón histórico en el desarrollo de las comunicaciones humanas—más por la universalidad de su accesibilidad que por su poder expresivo—, desde el rincón mas remoto le es posible a un individuo transmitir una noticia, pero también escamotear la propiedad ajena. Cuanto más necesidades o ambiciones tenga un individuo, tanto más es candidato a la avidez del ratero internético. Desde mi primera lectura de un post en Internet firmado por un tal “nestorgon” hace unos años atrás, sentí una urgencia interior de tomar una posición contra la charlatanería fraudulenta que Internet, sin intentarlo, permitía. Aunque no era éste mi primer encuentro con el fraude a distancia, ni era éste el primer fraude que conocía, fue sin embargo la gota que rebasó mi límite de tolerancia. Cada paso tecnológico a favor del progreso de la humanidad ha sido también un paso a favor de quienes quieren abusarse de ella. En los albores de la Radio en la década 1920-1930, otra creación tecnológica que adelantaría el proceso de democratización de las comunicaciones humanas—gracias a Maxwell, Tesla, y Marconi, ¡en este orden! —daba lugar a cierto Dr. John R. Brinkley, quien rápidamente se hizo conocer por sus trasmisiones radiales con campañas políticas y propagandas de su procedimiento quirúrgico de trasplante de testículos de chivo en hombres cuyas energías sexuales se hallaban agotadas. Él refinó su esquema fabricando y ofreciendo por radio sus “píldoras a base de gónadas de chivo”. Mientras que pocos eran quienes entonces sabían que el “Dr. Brinkley” era un “médico trucho(1)” que había comprado su diploma en lugar de ganárselo con el estudio; muchos fueron los defraudados que se encontraron impotentes y sin sus propios testículos…  Pero, como generalmente no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo, los días finales del infamado Dr. Brinkley no fueron demasiado gratificantes: Perdió su estación de radio después que le fuera negada la renovación de licencia; perdió por segunda vez un juicio de libelo iniciado contra uno de sus críticos, el Dr. Fishbein (un doctor real y verdadero); varios de sus pacientes lo demandaron por “mala praxis”; fue demandado por la IRS (La agencia responsable por la recolección de impuestos en USA) y llevado a la corte por “estafa postal” por la USPS. El colorido y deshonesto Brinkley murió en Mayo 26, 1942, antes de que pudiese ser juzgado y sentenciado. Pero eso no impidió que los asociados a sus fraudes, su esposa y sus empleados fueran eventualmente juzgados y sentenciados: Minnie Brinkley se declaró nolo contendere (nolo contendere es una admisión de culpabilidad) y recibió una multa de $US 5.000 y tres años de libertad condicional. Sus otros asociados se declararon culpables y fueron igualmente sentenciados. De la casi infinita variedad de esquemas fraudulentos, un tipo de fraude en contínuo desarrollo es el de las “inversiones”—también llamados “fraudes por persuasión”. Uno de tales casos es la oferta de inversión en granjas para la cría de avestruces, el extraordinario alimento no-graso, de bajas calorías que reclamará cada hogar en todas las latitudes del mundo. La inversión en granjas de avestruces ofrece una ganancia promedio del 200%. El lector puede ya imaginar el futuro de tal inversión. Existen otros fraudes por persuasión revoloteando a nuestro alrededor, esperando el momento oportuno para ofertarse. Sirva esta nota introductoria como una advertencia adelantada. 
¿Se podrá algún día erradicar completamente a estos personajes? Lo dudo. Pero eso no significa—al menos para mí—que uno deba abandonarse y quedar a su merced. Lo menos que uno puede hacer es exponerlos públicamente y dejar que el resto haga uso de su sentido común y tome sus propias decisiones. (1) Arg. Falso |
Qué es mejor: Opinar o Callar?
Escrito por: andrés (Invitado ) on 16-06-2008 09:51
Pero me pregunto qué es mejor que todos entreguemos nuestro parecer frente a los mas dversos temas o que existe solo una voz que nos diga que pensar y que entender.
Hoy en dia al tener la informacion que queramos a nuestro alcance nos obliga a aplicar el mejor de los criterios que es VALORAR LAS OPINIONES POR SU MERITO, ES DECIR POR SU CONTENIDO, sin prejuzgar su procedencia.
ESE ES EL DESAFIO ACTUAL. EL TIEMPO DE LOS DICTADORES SE ACABÓ.
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